Hola X. Me he levantado decepcionada. Anoche estuviste super
seco conmigo y me sentía super incomoda pensando que te estaba molestado. Me
despedí y me fui a dormir. Cuando me levante jamás pensé que me hablarías e
iniciarías tú la conversación. Me alegré por ello porque significaba que habías
pensado en mí.
Más ilusión me ha hecho el
momento en el que me has dicho que fuera contigo al gimnasio para que yo
hiciera ejercicio, ya que Ana no había venido conmigo.
Sin embargo, lo que más me ha
hecho sentir y revivir lo que siento por ti ha sido el momento en el que has
decidido darme un beso tú, en ese momento en el que casi me voy del gimnasio
casi llorando. Cómo repetías el beso otra vez, después de la siguiente ronda.
Cómo te dejabas tocar por mis largas uñas.
En el momento en el que nos
encontramos después de ducharnos, y vamos andando, me siento como si estuviéramos
conociéndonos de nuevo, y cuando me has parado para tocarme la espalda, los
hombros, los pechos… y me diste la vuelta para besarme con locura, me ha vuelto
tarumba. Y aún más cuando me has reconocido que lo del gimnasio era una excusa
para verme, que desde ayer tenías ganas de besarme, que sabrías que pasaría… en
fin un montón de cosas que sabes y que me cuesta explicar cómo me siento.
Por otra parte, me tiene confusa
porque sabes que hay cosas, lo sabes tú y lo sé yo. Yo no quiero ser tus
folleteos mientras conoces a la otra. No. Porque no soy ninguna suelta, enano.
Siento que he avanzado un pasito
contigo y que he descongelado un poquito tu corazón, y he roto un poco tu ética
para que te dejes llevar por una vez por lo que sientes amor. Siento que esto
va bien. Que me merece esperar, y que mereces la pena mi amor.
Ayer, hoy y siempre, te quiero. Miriam, la enana.
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