jueves, 31 de agosto de 2017

31-08-2017

Hola X. Me he levantado decepcionada. Anoche estuviste super seco conmigo y me sentía super incomoda pensando que te estaba molestado. Me despedí y me fui a dormir. Cuando me levante jamás pensé que me hablarías e iniciarías tú la conversación. Me alegré por ello porque significaba que habías pensado en mí.
Más ilusión me ha hecho el momento en el que me has dicho que fuera contigo al gimnasio para que yo hiciera ejercicio, ya que Ana no había venido conmigo.
Sin embargo, lo que más me ha hecho sentir y revivir lo que siento por ti ha sido el momento en el que has decidido darme un beso tú, en ese momento en el que casi me voy del gimnasio casi llorando. Cómo repetías el beso otra vez, después de la siguiente ronda. Cómo te dejabas tocar por mis largas uñas.
En el momento en el que nos encontramos después de ducharnos, y vamos andando, me siento como si estuviéramos conociéndonos de nuevo, y cuando me has parado para tocarme la espalda, los hombros, los pechos… y me diste la vuelta para besarme con locura, me ha vuelto tarumba. Y aún más cuando me has reconocido que lo del gimnasio era una excusa para verme, que desde ayer tenías ganas de besarme, que sabrías que pasaría… en fin un montón de cosas que sabes y que me cuesta explicar cómo me siento.
Por otra parte, me tiene confusa porque sabes que hay cosas, lo sabes tú y lo sé yo. Yo no quiero ser tus folleteos mientras conoces a la otra. No. Porque no soy ninguna suelta, enano.
Siento que he avanzado un pasito contigo y que he descongelado un poquito tu corazón, y he roto un poco tu ética para que te dejes llevar por una vez por lo que sientes amor. Siento que esto va bien. Que me merece esperar, y que mereces la pena mi amor.

Ayer, hoy y siempre, te quiero. Miriam, la enana. 

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