lunes, 28 de agosto de 2017

23-08-2017

Hola X. No puedo dejar de pensar en ti. Me levanto y pienso en ti. Me acuesto y pienso en ti. Te diría tantas cosas ahora mismo… pero no quiero ser yo quien te escriba ahora mismo porque tú no sientes lo mismo, y no tengo que forzar esta situación. Llegará un momento en el que sea valiente como para entregarte esta carta o las que vaya escribiendo cada día porque, ¿sabes?, he pesado desahogarme y escribir lo que pienso cada día de ti, para poder liberarme.
Te mentiría si te digo que te deseo todo el bien del mundo con esa chica y con cualquiera, porque creo que es una locura y una incongruencia todo lo que dices o lo que haces.
Yo me he sentido engañada, estafada, humillada por ti. Siento que me has mentido desde que comenzamos nuestra relación, y que, igual que ha pasado esta chica, han podido pasar muchas más; y que por tanto mi instinto nunca me falló, y que cuando estaba alerta era por algo. Con razón no quisiste que te acompañara ese fin de semana…
Pero, ¿sabes? Lo que más me duele de todo es leer muchas palabras que tú me dijiste en su momento, y el “no te preocupes enana, puedes confiar en mí” cuando te fuiste a Valladolid; y sin embargo, fue ahí donde se supone que comenzó todo con esa.
No quiero seguir hablando de ello, porque me da asco esta situación. Lo único que sé es que me entran ganas de buscarte a mejorada, o ir al gimnasio o a la biblioteca para que me veas, y te acuerdes de mí, porque tú siempre has sido de dejarlo todo por whatsapp porque tú y yo sabemos que me sigues queriendo igual.
Quiero escribirte un pedacito de la felicitación que me escribiste por mi cumpleaños, para que veas que poco cumples tus palabras y el daño que me hace a mí verlo: “desde que te conocí has cambiado un montón, a mejor siempre, por supuesto. Aunque ahora no estemos juntos, siempre tendrás aquí un apoyo y un chico que te va a querer cuidar siempre. Porque te lo mereces, porque eres luchadora y nadie me ha querido más que tú, porque te quiero muchísimo y te echo mucho de menos y estoy deseando verte. Porque siempre serás mi enana, mi bella, mi bollita, mi princesa. Porque espero que siempre luzcas esa sonrisa tan bonita que tienes, porque eres preciosa. Te quiero muchísimo, enana mía, no cambies nunca”
Como puedes ver, ni te tengo cuidándome ni arropándome; ni pensando que sigo siendo la mejor y la que más te vaya a querer…. No puedes verlo ni sentir lo que lloro ahora mismo únicamente recordando que estas palabras me las dijiste una vez vuelto del viaje de Valladolid. Y cómo, aun habiendo empezado ahí la historia con la otra, tuviste el coraje de querer pasar conmigo el fin de semana “tan perfecto” como parecía.
¿Sinceramente? Solo espero que esta chica te quiera por lo que te quiere, y que realmente algún día te des cuenta de quién te ha querido y quién estaba donde tenía que estar para ti. Espero algún día poder ver cómo te presentas en el portal de mi casa, diciéndome que aún me quieres, que te equivocaste… y poder recibirte con un “te lo dije” y poder abrazarte para comenzar nuestra historia, pero esta vez duradera. Espero que cuando me veas por la biblioteca, sigas pensando lo mismo que pensabas cuando me conociste. Solo espero que la vida me devuelva contigo, lo que yo te di en su momento.
Esta carta por supuesto, no la leerás acorde al tiempo al que te la enviaré por lo que habrá cosas que hayan cambiado, y lo mismo me equivoque o acierte.
Únicamente puedo decirte que hoy por hoy, me duele mucho el pecho, no puedo dejar de llorar por las esquinas, y mi madre está al tanto de todo y ya no sabe que hacer conmigo. Estoy preparada para la operación, pero sin ti. Sin tu compañía, y me mata; porque he deseado pasar esto juntos… y no podrá ser.

Hasta la próxima carta. Te quiero infinito. Miriam, la enana. 

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